El orgasmo en un domingo…

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Esas mañanas en las que te despiertas con el sexo despierto en la piel, en las que incluso hueles y respiras diferente, algo hierve dentro de ti y lo disfrutas tanto. Te paras de la cama casi desnudo y vas sintiendo lo frío del piso en la planta de los pies mientras te rascas la marca que te dejó el calzón por quedarte dormido sin habértelo quitado.  Los ojos, todavía medio cerrados, se dirigen directo a la cocina, a la cafetera por una taza de café. Sacas el cartón de leche y le pones un poco, la tapa se cae al suelo y mientras la recoges, se vacía un poco de leche y dejas un charco. Regresas a las cobijas, a tu cama destendida y te acuestas sobre un rayo de sol que entra por la ventana. La piel disfruta tanto ese calor que aunado con la humedad de la respiración y el aliento, sólo te queda empezar a recorrerte el cuerpo con las manos, cerrar los ojos y empezar a imaginar libremente tus más bajos y deliciosos deseos. Así, tan simple morboso y natural deberíamos vivir al cerrar la puerta de la casa y salir a la calle.

Esa libertad de experimentar placer con la mente, las manos y los deseos en la piel sin el menor reparo… es el privilegio de todos.  Aviento las cobijas, el cuerpo se tensa y disfruto ser yo misma con mis ideas, mis recuerdos y todas esas perversiones que son tan excitantes porque viven tan sólo en la imaginación; ahí donde deben quedarse para seguir recibiendo de ellas sólo placer y no las consecuencias de su realidad. Esas fantasías que nos hacen sentir vivos cada que recurrimos a ellas cuando nos falta un poco de morbo para llegar al orgasmo.

Todos hemos tenido este tipo de mañanas, a veces solos, a veces acompañados. Que rico es explorarnos, conocernos y disfrutarnos.

Todo este texto describe una mañana cualquiera de cualquier hombre o mujer hetero-sexual, homo-sexual, bi-sexual, tran-sexual. ¡Qué complicado! Deberíamos ser sexuales y punto. Cada quien con sus deseos, sus orgasmos, sus sonrisas y sus sueños.

La libertad con la que nos tocamos y disfrutamos a puerta cerrada, debería de ser la misma con la que vivimos y nos expresamos cuando se abre la puerta.

Ya es momento de desnudarnos todos al salir a la calle, al toparnos de frente con alguien, al mirarnos al espejo.

La sonrisa, el orgasmo, la sexualidad y el amor, sólo hay una forma de vivirlos: a plenitud.

¡Buenos días! Es domingo y quienes me leen y me conocen saben cual es la costumbre de hoy: una camiseta floja, mucha actitud y los jeans a pelo.

CHAB

2 comentarios sobre “El orgasmo en un domingo…

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