Aquella noche

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Recuerdo esa noche, la primera vez que planeamos ir al cine, tan emocionada estaba que me arreglé como si nunca hubiera tenido una cita, como si fuera la primera vez que salía con un chico, lamentablemente no se nos hizo ir ese día, pues aún estabas apurado con tus deberes que no terminabas; debo admitir que me sentí un poco triste, pero comprendía la situación y me dije: “Será en otra ocasión”.Seguimos platicando por las redes sociales y me dijiste que sí te hubiera encantado salir, pero el “deber” no se deja atrás. Sin pensarlo ni planearlo y sin creer que aceptarías, te invité a mi casa a ver películas, y dijiste: “¿En serio?, ¡sí voy! Dime qué llevo…” En verdad pensé que ese “sí” era sólo por contestar algo.

Esa noche, en verdad pensé que no vendrías, pues pasaban las horas y horas, y ya era tarde, me dije: “Creo que no vendrá”, cerré la puerta con llave y me dirigí hacía el sillón. Sin embargo minutos más tarde, mientras me recostaba en él, recibí tu llamada: “Ya estoy aquí afuera”, mi corazón se aceleró por completo de felicidad.

Entre platicar y ver películas, disfrutar de nuestra compañía y de lo rápido que avanzan las horas, te quedaste dormido, y yo… Bueno yo… Admiraba tu rostro, tu forma de dormir y que me sentía tan cómoda viéndote así, durmiendo.

No podía creer que estabas aquí, ¡en mi casa!, ¡dormido!, me pregunté: “¿Lo despierto?, ¿lo dejo dormir?, ¿se irá? Pero ya es muy tarde, ¡¿qué hago?!”… Nunca había permitido que alguien se quedara en mi casa, cómo iba a ser eso posible, pero lo único que pude hacer fue verte dormir, traté de seguir viendo la película, pero me venció el sueño…

Me quedé dormida  junto a ti. Más tarde sólo sentí, tu mano en mi cintura, esa mano que no sabía si quitar o dejar, pero me sentía tan bien, que sólo la dejé que estuviera en mi cintura, unos instantes más te acercaste junto a mí, sentí un beso cálido en mi espalda y me abrazaste tan fuerte que de igual manera acepté.

Esa noche por fin conocí a un caballero de verdad, era la primera noche que dormimos juntos y tal vez fue la primera vez que hicimos el amor. NO hubo intimidad. NO hubo sexo, ni besos, sólo un abrazo que nos hizo juntar nuestros cuerpos y dormir así, hasta el amanecer…
Donde al día siguiente despertamos y sólo nos vimos frente a frente, con una sonrisa en el rostro de ambos, sólo nos miramos fijamente, un minuto de silencio, tal vez menos, no lo sé, pero ambos contemplando la mirada sin parpadear. Después de reaccionar sólo dijiste: “Ah, perdón me venció el sueño”.

Días después, al recordar esa vez, nuestra primera vez, sólo me dijiste: “Me porté lo más respetuoso que pude…”  ¡Vaya! Nunca había conocido a alguien así.

Es magnífico recordar esa vez…

Donde nuestros cuerpos se juntaron mutuamente, hasta el amanecer.

CHAB

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