Feliz Navidad…

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A veces no podemos evitar que nos llegue la nostalgia y un poco de tristeza al ver a quién tanto quisimos ya nos está con nosotros. O quizás si, pero de una manera distinta. Cuando tú cariño por ese alguien se vuelve incondicional, sólo quieres que pueda ser feliz y que encuentre a la persona indicada. Sin embargo, duele. Duele porque los recuerdos permanecen, los sentimientos, las vivencias, las primeras veces de tantas cosas en tu vida que marcaron por siempre. En Navidad se remueve el corazón, se emprende un inevitable viaje hacia adentro, hacia lo que sentimos y no hay forma de escapar. En la vida siempre hay momentos en los que nos toca aprender a permanecer de pie en los lugares más incómodos, nos toca volvernos ramas de los árboles que se mueven con el viento y logran permanecer, subsistir contemplando el paisaje a su alrededor y más aún, adornándolo con su calma.

El amor de pareja se transforma a veces en amistad. Duele, pero la piel cambia su mapa, suda otra ruta que lo lleva al extasis del deseo, de esa maravillosa parte de nosotros que en ocasiones cuesta tanto trabajo manejar sin llevarnos al lugar equivocado. Sólo dos veces he logrado en mi vida hacer coincidir amor y pasión, pero fueron mis dos primeros intentos de juventud. Que me pasó?, que se me perdió?, que no aprendí? O que se me olvidó? Mi último amor fue el más grande, el de más calidad y cantidad, pero fue tan puro, tan elevado que no lograba bajar para tocar el cuerpo. Lo amaré por siempre y hoy lo extraño. Extraño sus miradas para mí, ese universo que sólo él era capaz de crear con tal de hacerme feliz. Extraño su sonrisa tan madura e infantil, sus tristezas tan suyas como mías. No ha habido navidades más perfectas que las que pasamos juntos sólos él y yo. Tan lejos de todos y tan cerca de nosotros en esos lugares que el sólo puede conocer. Pero me queda el gusto de saber que mi inocencia fue suya, mis miradas y gestos de asombro, de sorpresa, de alegría al descubrir tantas cosas en tantos rincones del mundo que pudimos recorrer juntos.

Poca gente con esa entrega, con esa necesidad y además con ese don de hacer feliz al otro. Cuando me sentía tan poca cosa, me ponía a reflexionar y me descubría grande por que él estaba a mi lado, porque él no era ningún tonto como para tener en su vida a alguien que no lo mereciera. Todos merecemos lo mejor pero a veces eso mejor cambia de lugar. Lo perfecto muchas veces resulta incómodo e incluso doloroso. Pero no hay forma de brincárnoslo. Antes de él hubo un largo camino de experiencias que trazaron mi ruta hacia su encuentro. Después de él no he descubierto hacia donde voy. El placer del cuerpo lo he experimentado, la piel se ha estremecido y los orgasmos me han fundido con el viento, pero después de eso, vuelvo a sentirme sóla aunque sé que no lo estoy. Su vida y la mía siempre estarán unidas, su felicidad y la mía nunca estarán divididas pero lo extraño. En mi amigo-hermano extraño a quien por 4 años fue mi pareja dispareja. Porque hoy se que nuestro secreto para volar tan alto fue el complementarnos tan bien, el sentirnos felices de poderle dar al otro lo que no tenía. Pero inevitablemente, todo se transforma el algo mejor que muchas veces rebasa nuestro entendimiento.

Me miro al espejo y se que él podía entender muchas cosas que probablemente todavía yo no entiendo de mi, pero que estoy aprendiendo a disfrutar, a entender y hacer convivir en paz, sin conflicto y con mucha alegría. Soy aquella extrovertida, escandalosa, impúdica, exhibicionista y chistosa, pero también soy la que esta sentada en este momento frente a la computadora a las 3:00am del día de Navidad. En pijama, con una cobija encima y una copa de vino blanco al lado, con un perro que es mi vida y me mira tratando de entender lo que dice el brillo de mis ojos y la velocidad de mis dedos en el teclado.

Sentirnos vivos es simplemente permitirnos sentir, darle la libertad al corazón de expresar a cada momento lo que tiene que decirnos. Mi maestro “Bhagavan” siempre dice que cualquier emoción o sentimiento que se experimenta plenamente provoca gozo, y si. Es un extraño misterio descubrir felicidad en la nostalgia y la tristeza cuando no nos resistimos a ellas. Porque todo lo que somos y llevamos dentro encuentra la oportunidad de brillar, existir, vivir. Si nosotros logramos desidentificarnos de la mente, de nuestra limitante personalidad, los universos bailan, crean, celebran todas sus posibilidades perfectas y distintas. El premio por dejarlas existir libremente es la transformación de lo qué hay dentro de nosotros. Cuando más nos resistimos a lo que no queremos, más permanece. Cuando soltamos, nos rendimos y nos entregamos a la vida, lo incómodo, esa espesa neblina de carretera que no nos deja ver, empieza a desvanecerse mostrándonos un nuevo paisaje lleno de sorpresas. Cuando empezamos a creer en algo más grande que nosotros, algo más grande que nosotros sucede.

Hoy no me resisto a mis nostalgias aún siendo Navidad y quizás este fue mi mejor regalo… porque quiero vivir en libertad.

Paradójicamente en este momento el está montado en un avión rumbo a lugares que recorrimos juntos y yo estoy frente a la pantalla de una laptop volando en todos nuestros recuerdos. Nunca sabemos a dónde nos llevará la vida, lo importante es vivirla aprendiendo a disfrutar todo de ella. Puede ser que en el proceso me prepare un reencuentro, o quizás me regale una nueva mirada…

Feliz Navidad por el puro placer de sentir y el agradecimiento de estar vivos.  

 

CHAB

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