Palabras

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Hacía tiempo que no escribía… Pero hay veces que siento el deseo y la necesidad de soltarlo todo.

Qué delicia es el juego de palabras. El debate entre lo correcto y lo incorrecto, lo permitido y lo prohibido, la guerra personal en contra de lo que nos limita, nos reprime. Qué delicia entregarnos al placer, al instinto, a la libertad de nuestros pensamientos. Los juegos entre las imágenes, las ideas y la piel con tan solo unas cuántas palabras.

Sin palabras no podría haber lujuria, disfrute, secretos, desahogos, risas silenciosas.

Nos sabemos completos sólo cuando conocemos nuestra dualidad. Que rico saber manejar nuestra luz y sombra, jugar con ella sin que borre nuestra libertad, sin que nos aprisione, sin que nos lleve al lugar que no queremos visitar.

Palabras a solas, palabras en pareja, en grupo. La libertad de cada quien tiene un sabor distinto.

Cada uno jugamos un cliché diferente y creamos los propios que, al compartirlos, se vuelven parte de otras historias sin voz. Esas historias que hablan a través de un acelerado latido del corazón, de una temblorina por todo el cuerpo, de un primer contacto visual que calienta los sentidos y nos hace sudar, ponernos firmes, saborear la sal de otro, descubrir un nuevo sabor excitante y delicioso gracias a la química; la química que no conoce y por lo mismo, no respeta el prejuicio, la religión ni lo gordo de la cartera dentro del pantalón.

Lo ves, lo besas, lo recorres con tus manos que se escurren entre su aliento y el sudor de su piel, que se atoran entre el pelo en pecho, la entrepierna y lo lejos que te atrevas a llegar a través de las palabras.

Tu cuerpo pide más, tu mente se cuestiona, tu cuerpo se deleita y el momento sabe a fiesta.

Palabras, esa deliciosa perversión de cada quien, esa falsa idea de ver algo como prohibido e incorrecto. La ignorancia de uno es sin duda parte de la sabiduría de la vida, de un juego más grande que supera nuestro entendimiento.

Sexo, estereotipos, concesiones, al final nada está tan mal. Son tan sólo fichas del juego que puedes o no usar. Fichas entre tus dedos que puedes aparecer y desaparecer en los rincones nocturnos del deseo, fichas que puedes probar y compartir, que puedes esconder para encontrar más adelante en un nuevo encuentro.

Me divierte lo retorcido de mi mente, me libera permitirme escucharla y reconocer cuando debo disfrutar a través de una fantasía o de una realidad.

“TONES”, esos personajes que rebasan los 30 años y que disfrutan de manera distinta el sexo, la edad, la frescura y la inocencia de una pubertad ajena. Esos personajes que pagan cada encuentro entregando experiencia, seguridad, historias, risas y lágrimas que contar… Sin intercambio no hay vida y sin vida no hay placer.

Yo montada en la escaladora del gimnasio sudando las carnes y mis pensamientos.  La libertad de crear mi propia historia y escoger a los personajes protagónicos que sacian mi excitación.

La libertad de desahogar el deseo con tus propias manos y de escribir cuantas nuevas historias seas capaz de construir en tu mente demuestra que el órgano sexual más grande no es la vagina sino la mente.

Palabras… El sudor y el sabor prohibido y más disfrutado por todos los vivos. Sí, porque a quienes no lo hacen, yo los percibo un poco muertos.

 

CHAB

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