Un reencuentro…

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A veces nos vamos pero tarde o temprano regresamos a quien inevitable y maravillosamente somos. Regresamos a nuestros espacios, a nuestros silencios, a nuestras manías a puerta cerrada. Nos reencontramos con lo que más disfrutamos y nace de adentro. Yo regreso a mis letras, a mis reflexiones, emociones, a mi espíritu exhibicionista, mi vanidad y mis imágenes. Cómo disfruto simplemente estar y ver fotos en Las redes sociales!!!Guardar en mi móvil las que me despiertan una sensación fresca y agradable, como de frescura. Algunas las vuelvo a compartir y después veo mi perfil lleno de las cosas que me gustan, de colores y atmósferas que me hacen sentir bien, que me recuerdan lo que sueño, los lugares que visito en mi imaginación, los cuerpos que me despiertan el morbo y sacan lo más instintivo, animal en mi. Que rico alimentar nuestras fantasías con el recuerdo, con el deseo, con los secretos. Imaginar, volar sin límites, explorarnos hasta explotar. Y después, relajados recostarnos sobre la cama, con la ventana abierta y sintiendo el viento poniéndonos chinito el cuerpo desnudo.

Y de pronto, nada. Otra vez silencio alrededor que no se compara en nada con la maravilla del silencio que podemos sentir por dentro. Ese mismo silencio que cuando estamos perturbados por la mente, el estrés y la angustia, resulta aniquilante. Pero en momentos de calma como este, resulta embriagante.

Caminar desnuda por la casa, prepararte una taza de café y un pan con mermelada mientras la única duda existencial en la vida es si quedarte a leer un poco, a continuar escribiendo o lanzarte al gimnasio por un poco de salud, vanidad, el vapor y los vestidores. ¿Para qué mentir? ¿Para qué negarlo? A los 30 ya me da una hueva tremenda pretender, negar u ocultar. Así soy y lo disfruto, me disfruto. No entiendo por qué en ocasiones lo olvido o lo evito. Porque perfectamente se que cuando llego a cambiarlo me pierdo de la magia y la delicia de mis propios momentos.

Más allá de ser hijos, esposos, novios o amantes, debemos seguir siendo nosotros mismos y visitar muy seguido nuestros espacios, nuestros silencios, nuestras manías favoritas a puerta cerrada… Pero con la ventana de la mente muy abierta.

 

CHAB

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