Cuando el corazón termina hecho mierda… ¿Desilusiones?

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Salí a los 23 años de mi casa, y aún recuerdo haber despertado la primera vez junto a mi primer novio y haber pensado; “¡Qué feliz y afortunada soy! Me encontré con el hombre perfecto para mí y a la primera!” ¡Qué equivocada estaba! Nunca me imaginé que mi primer novio sería mi primer partida de madre, de corazón y que era a penas el inicio de una “carrera de resistencia” en búsqueda del amor.

El día en que aquel primero me rompió el corazón, agarré las moronas, mi cartón de huevos, mis gallos y me fui para no volver. Esta es la historia:

Llegué a la “Ciudá”, con 1 maleta, el pelo sucio, cruda, con la cara desencajada y con el corazón recién hecho mierda.

Lo único que tenía claro en la mente era que mi vida, a partir de ese momento sería otra. ¿Cuál? ¡No estaba segura!… pero otra.

Lo bueno es que mi niñez y adolescencia las viví aquí, entonces me dediqué a buscar antiguas amistades para sembrarles la semillita de “estoy de vuelta, pónganme atención”, y me funcionó. En ese tiempo me reencontré con mis amigos de la primaria, de la secundaria, de la prepa, de donde vivía, primos, etc. a los cuales me dediqué a contarles mi “sweet & sour relationship” que si bien duró sólo 10 meses, dolió como si me estuviera divorciando después de 25 años y no por falta de amor sino porque ¡quién sabe qué!

Llegué aquí sintiéndome cual Libertad Lamarque, o sea la única, la inigualable, la sufrida más grande de todo el mundo mundial y ¡prás! me fui dando cuenta que ¡en todos lados se cuecen habas!

Primero mi amigo Fabián. Un chavo excepcional que conocí en la secundaria. Inteligente, exitoso, seguro de sí mismo, alocado, libre, chistoso y “chistoso”. Me acuerdo que en esas épocas de “Juventud en éxtasis” me parecía que era el del futuro más prometedor, y lo fue. Pero ahora traía una pinche sombra que no lo dejaba ver. Una tal Sandra que parecía que lo odiaba, es más, yo creo que sí lo odiaba, y el sufría y sufría por ella. ¡No! y lo peor es que un día estábamos comiendo juntos en Polanco, carcajeándonos de los “ayeres” y “hoys”, cuando de pronto sonó su celular (por supuesto que era ella) y me dejó atónita el ver como el inmediatamente cambió no sólo su tono de voz, que pasó de ser normal a “pobrecito de mi quiéreme, ámame, destrúyeme, sino que también cambió su cara, frunció el ceño, dejó caer sus parpados e hizo puchero. ¡No bueno! yo estaba ¡ho-rro-rri-za-da! no podía creer tanta cosa.

Otro día me reuní con Julia, mi prima hermana, la más cercana, la que sólo tiene un año más que yo y que crecimos juntas. Me invitó a tomar unas chelas “o algo” con amigos, entre ellos Josélo; un chavo que primero como que le dio entrada a mi prima y después “que dice mi mamá que siempre no” y quedaron solo como amigos. Pero Julia estaba perdidamente enamorada de el y no sólo eso, sino que se conformaba con que la besara de vez en cuando. ¡Ay no! ¿! En qué momento llega uno a eso ¡?

Y luego, mi nuevo amigo Jorge que se acabó enamorando de mí. Medio le seguí el juego  pero al final tuve que decirle que no sucedería y nos tuvimos que dejar de hablar. Total que buscando consuelo y consejo, me encontré con más y más desamor, decepción, traición y puras “de esas”. Entonces me pregunté ¿Qué el “dolor corazonil” es normal y esencial en todas las personas, toda la vida? ¡No por favor!

Por último, me reuní con Luz, la que conocía de menos tiempo, pero la que me hizo sentir que había un faro en todo este océano de corazones rotos, amores perdidos, amantes lejanos, “quereres” no correspondidos y demás. Tomándonos un café me hizo ver que si queremos ser más o menos felices en ésta vida, que de fácil no tiene nada, debemos tener huevos. Sí, ella tiene muchos huevos. Y me demostró que también ha sufrido, pero utiliza un método de defensa al que voy a llamar “Te colgaré hasta atrás de todos los vestidos, así sabré que estás ahí pero jamás te tendré que ver”. Me dio esperanza. Y tal vez fui dramática y cursi y ridícula pero es que a veces sentía que me moría por dentro.

Fue una época muy dura. Sobre todo porque, como todo aquel que ha tenido el corazón roto sabrá, mi cuerpo no me contenía y lo único para lo que regresaba a él era para darme cuenta de mi tristeza y de mi dolor.

Adrián había sido mi primer novio. El que me dio la fuerza y el valor para aceptarme y salir de casa y que me había hecho la mujer más feliz que podía yo haber sido, claro, hasta que ya no lo fui…y me fui.

Por esos días supe de buena fuente, porque en las redes sociales las fuentes siempre son buenas, que Adrián, mi ex en cuestión, había estado en la ciudad. Vino a un concierto, y de otra muy buena fuente, porque cuando se trata de “exes” las fuentes son el doble de buenas, que también vino a ver a “alguien”. Pero a pesar de que la noticia me partió lo poco que me quedaba de corazón, me consoló el hecho de que, aunque jamás me lo dijera, en ese concierto pensó en mí más de una vez mientras cantaba y bailaba con su nuevo “alguien” al ritmo de OV7.

CHAB

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